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"Desaparecidos", artículo de Álvaro Redondo Hermida en La Razón

El pasado mes de marzo se celebró en el Centro Nacional de Desaparecidos una jornada especial, en la que se abordó la acción de las sectas ilegales en relación con la ausencia de personas. Es difícil imaginar una situación más angustiosa que la causada por la desaparición de un ser querido. Las múltiples iniciativas orientadas a confortar a los afectados, a potenciar las investigaciones y búsquedas, y a concienciar a la sociedad sobre el fenómeno de las ausencias, constituyen una manifestación de la solidaridad de España entera con las víctimas.

Nuestro país es pionero en la lucha contra la violencia de género, habiendo alcanzado una de las tasas más bajas de asesinatos de mujeres en todo el mundo. Iniciativas como la ley de violencia de género han sido decisivas para alcanzar tal éxito, que nos motiva para continuar luchando por la total erradicación de dicha plaga. España es líder mundial en donación de órganos, acto generoso que evidencia la solidaridad proverbial de los españoles. La cercanía de los familiares ha constituido la realidad social que permitió a muchas personas sobrellevar con dignidad la crisis económica, que con tanto rigor ha golpeado nuestro país en los últimos años.

Ahora es el momento de hacer frente a la desaparición como fenómeno social indeseable y en ese contexto asume especial relevancia la creación del Centro Nacional de Desaparecidos como iniciativa del Ministerio del Interior para hacer frente a situaciones que merecen especial cuidado. No hay nada peor que perder el rastro de un ser querido, ignorar su suerte y verse obligado a hacer conjeturas, sopesando la posibilidad de la vida o de la muerte, imaginando destinos más o menos crueles o inhumanos, esperando la noticia del reencuentro o la tragedia.

Especialmente grave es la desaparición dolosa, causada por la criminal acción de una mano fría capaz de privar de libertad a un semejante, erigiéndose en señora de la vida y de la muerte. El muro de silencio que rodea el mundo del delito se vuelve más hermético en torno a las ausencias criminales. La sociedad entera debe colaborar con instituciones como el Centro de Desaparecidos para que los miles de casos que nos golpean cada año se reduzcan a un nivel testimonial, convirtiendo a España en un hogar seguro, en el que cada persona sabe que el camino se encuentra libre de amenazas y que cada día regresará al hogar en paz y libertad.

La sociedad española debe ser consciente de que la acción solapada de grupos sectarios puede afectar a la libertad de las personas, promoviendo su captación para fines delictivos, expoliando su patrimonio y minando su dignidad. El fenómeno sectario no es característico de España, siendo frecuente en el contexto anglosajón, pero se incrementa paulatinamente la presencia de organizaciones delictivas que tienden a captar la voluntad de personas vulnerables, generando fenómenos de ausencia dolorosa. Es difícil luchar contra esta nueva situación creada, porque la defensa de la libertad religiosa y la intimidad personal y familiar limitan la intervención de las autoridades, llamadas a proteger la dignidad y la integridad moral de los ciudadanos.

La labor técnica del Centro de Desaparecidos cuenta con el apoyo incondicional de órganos constitucionales como el Ministerio Fiscal, llamado a promover la justicia desde la legalidad (artículo 124 CE), especialmente en relación con menores y personas que requieren especial protección. No obstante, resulta fundamental la cercanía de la sociedad civil para apoyar la iniciativa del Gobierno al afrontar con decisión el nuevo fenómeno.

A la tradicional preocupación causada por secuestros por dinero o por venganza, se une la nueva realidad de ausencias patológicas, propiciadas por el aumento de la esperanza de vida de los españoles, ausencias que suelen transitar conjuntamente con alteraciones neurológicas que causan desorientación espaciotemporal de las personas. Por si fuera poco, la acción de grupos sectarios y de organizaciones criminales que se apoderan de personas para fines delictivos convierte en imprescindible una respuesta colectiva, causada por la indignación ante hechos criminales y por la solidaridad ante ausencias dolorosas.

España verá pronto el resultado de propuestas como la que ahora aplaudimos, volviendo a ser un lugar seguro en el mundo, en donde la libertad y la justicia puedan vivir sin riesgo ni peligro, promoviendo el bien de cuantas personas lo habitan, como quiere el Preámbulo de nuestra Constitución.

Álvaro Redondo Hermida

Fiscal del Tribunal Supremo

Artículo publicado en el diario “La Razón” el 9-4-17