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El 'top manta' y las tres 'p'. Por Eva Mas Curiá.

SI BIEN el llamado top manta viene siendo un tipo de negocio ilícito al que la sociedad se ha acostumbrado a fuerza de convivir con él, es obligado reconocer que en los últimos tiempos está generando un serio debate en los medios de comunicación consecuencia del aumento exponencial de este fenómeno unido a las nuevas formas en las que va desplegándose.

Tal es así, que en las playas los llamados manteros han pasado de vender imitaciones fraudulentas de los más variados productos a ofrecer todo un abanico de servicios que incluyen desde masajes corporales a bebidas y cócteles de dudoso origen y, por supuesto, sin control sanitario alguno. Todo ello ha llevado a que el top manta genere un malestar palpable en la sociedad, que lo concibe como un fenómeno de competencia ilegal, que en ocasiones -cada vez más- genera escenarios violentos (enfrentamientos con policías y con turistas) y que supone un potencial riesgo para la salud pública ante las condiciones de insalubridad de los productos ofrecidos. De ahí que cada vez sean más las voces que piden respuesta enérgica frente a dicho fenómeno.

Nuestro Código penal prevé sanciones para este tipo de conductas que van desde prisión y multa hasta multa o trabajos en beneficio de la comunidad. Pero la pregunta es: ¿Resulta suficiente esta respuesta para luchar contra el top manta? ¿Estamos atacando el problema de raíz? Es evidente que la venta ambulante debe ser perseguida y castigada si es constitutiva de delito, pero no hay que olvidar que el manteroes el último eslabón de una cadena que trasciende fronteras: las organizaciones dedicadas a tráfico ilícito de personas. Esto es, redes dedicadas a la explotación de situaciones de desesperación y vulnerabilidad. El mundo globalizado y las facilidades que ofrece para el movimiento de personas y activos ha sido aprovechado por estas mafias para aumentar sin escrúpulo alguno su negocio. Hablamos de organizaciones criminales que no tienen reparo alguno en traficar con vidas, exponiéndolas a un riesgo vital en el peor de los casos, y en el menos malo dejando a los inmigrantes en una situación irregular y de precariedad, que les lleva a recurrir a actividades ilícitas (como es el top manta) para afrontar su situación.

Concebido así el problema, es evidente que necesita un enfoque que trasciende fronteras, debiendo responder de manera conjunta los Estados implicados (tanto el país de origen del inmigrante como el de destino), existiendo organismos internacionales que tienen entre sus funciones las de fomentar dicha cooperación, como es el caso de IOM, principal organización intergubernamental en el ámbito de la migración que cuenta entre sus cometidos con el de promover la cooperación internacional en cuestiones migratorias.

Ha sido precisamente en uno de los últimos foros organizados por IOM para promover la cooperación entre países africanos y países europeos en materia migratoria donde se habló de la necesidad de fomentar el «modelo de las tres p»: Prosecution(persecución del delito), Protection (protección de las víctimas) y Prevention (prevención del delito). Y para ello es imprescindible una actuación conjunta que haga más efectiva y rápida la respuesta contra las redes de inmigración clandestina, lo cual obligadamente redundará en un descenso de actividades ilícitas como la aquí tratada.

Visto que el fenómeno del top manta no es sino la punta del iceberg, debemos buscar el compromiso de los países afectados en orden a combatirlo de manera efectiva, intentando que esta colaboración pivote sobre el principio de mutua confianza, fomentando el modelo de las tres p: persiguiendo el delito desde su raíz, previniendo el mismo y protegiendo a sus víctimas. Quizás así se consiga esa respuesta enérgica demandada por la sociedad.

Fuente: El Mundo