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Tristeza en la Fiscalía catalana (D. Álvaro Redondo Hermida, Fiscal del Tribunal Supremo)

En momentos difíciles como los que ahora vive la Justicia catalana, ser Fiscal es un compromiso que exige valentía y entrega. Don José María Romero de Tejada asumió la función de Fiscal Superior de Cataluña en una etapa compleja, una situación inédita, cuando la ley es puesta a prueba por quienes no creen en ella. Ser Fiscal Superior de Cataluña es ejercer un puesto clave, desde el que se coordina a muchos profesionales, y al que también convergen retos, sorpresas y complicaciones.

José María fue Fiscal toda su vida. No dejó de serlo ni por la política, ni por el ejercicio de la Abogacía, ni por desempeñar otras funciones públicas, con todo el respeto que dichas actividades nos imponen. Siempre supo defender el interés público, teniendo una especial sagacidad para captar, en un solo instante, aquello que requería la mayor atención y el mayor esfuerzo.

Hombre de orden y estilo, su imagen es fácilmente evocada por quienes quisieran representarse a un genuino Fiscal español: era comedido, serio y riguroso en sus intervenciones. Siempre atento, jamás se permitía una incorrección, ni jurídica ni semántica. En pocas palabras resumía los hechos, algo tan importante para quien debe explicar lo que ha ocurrido, porque la Justicia penal está pensada para solucionar conflictos, pero ante todo está llamada a averiguar la verdad. José María Romero fue amante de la verdad en todas sus dimensiones.

Su vocación de servicio lo llevó a participar en la Asociación de Fiscales, desde la que impulsó valores constitucionales, y potenció una imagen del Fiscal enaltecida, capaz de llegar a sus últimas posibilidades, con tal de alcanzar la defensa de la dignidad humana, sobre el que se construye nuestra paz. Siempre estuvo rodeado del respeto de quienes debían compartir sus tareas. Su verbo meditado, en ocasiones contenido, disipaba la duda con argumento certero.

José María Romero de Tejada ha dejado una huella imborrable en la Fiscalía de España, llamada por circunstancias notorias a innovar en doctrina, a asumir iniciativas, a unir esfuerzos necesarios, a sostener valores de convivencia, a hacer presente al Fiscal en ámbitos y momentos decisivos. El involuntario protagonismo que el Ministerio Público alcanzó en los últimos tiempos, llevó a José María a los medios, sin pretenderlo pero tampoco sin evitarlo, asumiendo su notoriedad como algo propio de quien tiene responsabilidades.

La muerte de José María ha causado un impacto inmenso, por la injusticia de su prematura ausencia, por la inquietud que despierta su reemplazo. Pero más impacto han causado sus muchos méritos, su cercanía constante, la motivación que supo transmitirnos, para seguir construyendo entre todos un Ministerio Fiscal democrático, justo y respetado.

Álvaro Redondo Hermida

Fiscal del Tribunal Supremo